Medicina tradicional
Este catálogo reúne los saberes sobre plantas que las sabedoras Alicia Bermudez, junto con otros portadores de tradición de Quinamayó, compartieron durante el trabajo de campo del proyecto “Quinamayó en Letras”. Se organiza en tres secciones: plantas medicinales, plantas para condimentar y cocinar, y otras plantas del territorio de uso ornamental, frutal o histórico. Cada ficha conserva, en la medida de lo posible, las palabras y el orden en que fue registrada la información en campo.
Plantas medicinales

Acetaminofén
Función: Cualquier tipo de dolor.
Preparación: Té caliente.
Fuente: Sofía

Albahaca Blanca
Función: La vista (ojos).
Preparación: Se friega en agua y se deja toda la noche en el sereno, para lavarse la cara al siguiente día.
Fuente: Sofía

Albahaca Morada
Función:
Preparación:
Fuente:

Anamú
Función: Dieta de la mujer (limpiar la matriz).
Preparación: Se friega y se toma el agua.
Fuente: Sofía

Anís
Función: “Quitar/sacar el frío” del cuerpo.
Preparación: Cogollos o semillas en agua.
Usos: Aromatizar o preparar aguardiente; también se usa como condimento.
Fuente: Alicia

Barejón
Función: Para baños y dolor de estómago.
Preparación: Estregarlo en el agua.

Caña Agria
Función: Fiebre y azúcar.
Preparación: Pelar y hacer guarapo.

Carambombo
Función: Aliviar los cólicos menstruales.
Preparación: Se agregan tres cogollos con canela.
Usos: Aporta sabor a la mazamorra.
Fuente: Alicia

Caraño
Función: Su corteza sirve para purificar y refrescar el agua mantenida en cántaros de barro.
Fuente: Alicia

Coca
Función: Dolor en los dientes.
Preparación: Se friega en agua para enjuagues bucales; se prepara en forma de té para ingerir caliente.
Fuente: Sofía

Cúrcuma
Función: Nivelar el azúcar.
Usos: También se usa para condimentar comidas.

Errante / Errate
Función: Dolor de cabeza.
Preparación: Agregar tres hojitas al agua medio hervida.
Fuente: Alicia

Flor de Saúco
Función: Tos, gripa y purgante.
Preparación: Té caliente.
Fuente: Sofía

Hierbabuena
Función: Regular la presión arterial y afecciones del corazón.
Preparación: Té o infusión simple.
Fuente: Alicia

Hoja Heihonda
Función: Biles.
Preparación: Se friega y se toma el agua.
Fuente: Sofía

Lengua e’ Suegra
Función: El cáncer.
Preparación: Té.
Fuente: Sofía

Limoncillo
Función: Gripa.
Preparación: Té caliente.
Usos: Aguapanela.
Fuente: Sofía

Llantén
Función: Se toma en la noche para curar afecciones estomacales.
Preparación: Infusión de hojas (crudas o hervidas).
Fuente: Alicia

Marupacha
Función: Biles y gripa.
Preparación: Se friega y se toma. Para la gripa: se coloca el agua al sol, se friega y se baña con esta.
Fuente: Sofía

Matarratón
Función: Para la gripa.
Preparación: Fregar.

Nacedero
Función: Para que la mujer bote la placenta.
Preparación: Se cocina y se le dan tomas. También se toma en aguapanela.

Oreganón
Función: Para el azúcar.
Preparación: Té caliente.
Usos: También se usa como condimento.

Paico
Función: Purgar y expulsar parásitos (“lombrices”) en niños, biles, mal de ojo y para lavar heridas.
Preparación: Té caliente. Para las heridas se friega en agua y se lava.
Fuente: Alicia y Sofía

Palo de la Felicidad
Función: Para ahuyentar malas energías.

Poleo
Función: Tratar afecciones en los niños.
Preparación: Hervido con leche.
Fuente: Alicia

Pipilongo
Función: Para los riñones.
Preparación: Machucar.
Usos: Para chicha: machucar, hacer agua de panela y dejarlo fermentar.

Pronto Alivio
Función: Para la tos y para aliviar los mareos.
Preparación: Hojas y pepitas.
Fuente: Alicia

Romero
Función: Estimula el crecimiento del cabello.
Usos: También se usa para condimentar comidas.

Ruda
Función: Para cólicos menstruales.
Preparación: Hervir en agua y tomar.

Sábila
Función: Jarabe efectivo para la tos crónica.
Preparación: El cristal licuado con yema de huevo y miel de abejas.
Fuente: Alicia

Verdolaga
Función: Ayuda a los niños a orinar.
Preparación: Hervir en agua.
Fuente: Alicia

Verraco
Función: Espantar ánimas o sacar el frío.
Preparación: Se cortan las ramas y se golpea suavemente el cuerpo o el espacio.
Fuente: Sofía
Plantas para Condimentar y Cocinar

Ají Dulce
Función: Condimentar alimentos.

Albahaca
Función: Clave para guisos, carnes y almuerzos.

Cilantro
Función: Para sazonar sopas y comidas.

Cimarrón
Función: Para sazonar sopas y comidas.

Cebolla Larga
Función: Para hacer guisos.

Jengibre
Función: Condimentar comidas.
Plantas para Condimentar y Cocinar

Oreganón
Función: Condimentar guisos y comidas.
Plantas para Condimentar y Cocinar

Ají Dulce
Función: Condimentar alimentos.

Albahaca
Función: Clave para guisos, carnes y almuerzos.

Cilantro
Función: Para sazonar sopas y comidas.

Cimarrón
Función: Para sazonar sopas y comidas.

Cebolla Larga
Función: Para hacer guisos.

Jengibre
Función: Condimentar comidas.
Plantas para Condimentar y Cocinar

Oreganón
Función: Condimentar guisos y comidas.
Otras Plantas del Territorio

Algodón
Función: En décadas anteriores, la recolecta de algodón era uno de los medios de trabajo de los quinamayenses.

Espinas de Jesús
Función: Planta de jardín.

Mandarino
Función: Frutal del solar.

Millonaria
Función: Planta de jardín, para la suerte.

Planta sin identificar
Función: Planta de jardín.
Nota: Nombre pendiente de confirmar con la comunidad.

Pomarrosa
Función: Frutal del solar.

Zapallo (planta)
Función: Para dulces y para condimentar comidas.
Saberes asociados con la partería
En Quinamayó, atender un parto era trabajo de las matronas del pueblo, mujeres a las que se acudía en el momento más incierto de un embarazo. Hoy ese conocimiento se sostiene casi enteramente en una sola persona: Luz Marina Viáfara, reconocida como una de las últimas parteras vivas del territorio. Su memoria es buena parte de lo que queda de un oficio que durante generaciones sostuvo la vida de las familias del corregimiento.
Durante la gestación, la partera no se limitaba a esperar el momento del parto. Hacía seguimiento constante a la postura del bebé y al bienestar de la madre mediante la soba o palpación abdominal, con la que identificaba si la criatura estaba dormida, acomodaba un piecito o una manito atravesados para evitar discapacidades al nacer y determinaba si el bebé venía en la posición correcta. Luz Marina lo describe con el detalle de quien lo hizo cientos de veces:
“era que le arregle la barriga, que le arregle el niño que está metido un piecito por allá… a veces se quedan son perezosos o perezosa y se quedan dormidos allá… hay que despertarlo, por eso es bueno que tengan, hacerse sobar, hacerse palpar… Para la soba dura hay que buscar alcohol, aceites para resbalar… Y tener mucho cuidado y saber. Porque acuerde que hay una criatura que está muy débil, muy frágil” (Viáfara, comunicación personal, 2026).
Para la soba se usaban aceites, de almendras o balsámicos, y preparaciones con plantas del territorio como el nacedero y la caléndula, que servían para fortalecer la matriz y aliviar los dolores. El papel de la matrona no terminaba ahí, también orientaba a las jóvenes en planificación familiar, como parte de un acompañamiento más amplio a la salud reproductiva de las mujeres del pueblo.
Atender un parto exigía bioseguridad, serenidad y destreza técnica al mismo tiempo. La partera preparaba el espacio con plásticos, gasas, guantes y alcohol, y tenía listo cómo dar calor al recién nacido, con mantas o bombillos incandescentes. Hubo casos extremos. El niño Emmanuel nació hacia los cuatro meses de gestación con el cordón umbilical enredado en el cuello, y la partera tuvo que actuar de inmediato: le limpió las vías respiratorias y se aseguró de que no perdiera calor corporal.
Cuando un parto se complicaba, ninguna matrona resolvía sola: “se congregaban todas las parteras pues, se unían todas las parteras y cada una ponía una idea… una cosa, una idea otra, a la otra hasta que podían salvarle la vida a ella (la madre) y al bebé” (Viáfara, comunicación personal, 2026).
La partería tradicional en Quinamayó no desapareció de un momento a otro. Fue cediendo terreno frente a varios cambios que ocurrieron casi al mismo tiempo. Primero, la institucionalización de la salud. Hoy las gestantes acceden de forma regular a controles médicos y a intervenciones programadas en centros hospitalarios. Segundo, la mejora de las vías y el acceso a transporte, que permite llegar rápido al Hospital Piloto de Jamundí o a clínicas de Cali apenas empieza el trabajo de parto. Tercero, un cambio en el estilo de vida de las gestantes: antes las mujeres trabajaban la finca hasta el día del parto, lo que favorecía la dilatación natural; hoy predomina un hábito más sedentario que complica el parto en casa sin intervención médica. Y, por último, la falta de relevo generacional, porque no ha habido jóvenes que se formen en el oficio y aseguren que el conocimiento siga vivo.
Luz Marina reúne esos cambios en una sola explicación: “la partería tradicional es como para una emergencia, ¿ya? Que la paridora uno ve que no alcanza a llegar, ¿ya? Que ya reventó fuente… llegó a disminuir por lo que ya desde un principio ya tienen su control médico… y ahora el acceso también de los carros, hay muchos carros y la otra vez no había carros para uno sacarlo allá” (Viáfara, comunicación personal, 2026). Y sobre el cuerpo mismo de las embarazadas añade, con algo de nostalgia: “antes yo me acuerdo de que ese ejercicio le servía mucho a uno, porque uno iba a trabajar y del trabajo venía a parir a la casa… Pero hoy día no, las paridoras desde que cojan el embarazo se sientan hasta que paren” (Viáfara, comunicación personal, 2026).
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Medicina tradicional
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